¿Por qué no voy a tener una jubilación digna?

Basta conversar con personas de nuestro entorno, familiares y amigos, para darse cuenta de la preocupación que se desprende cuando nos acercamos a la edad estipulada para optar por nuestra pensión de jubilación.

No cabe duda que esto supone cambios drásticos en nuestros hábitos y cotidianidad, por lo que existen en algunas empresas actividades como charlas, foros, conversatorios y talleres, para canalizar las angustias propias del momento y hacer más llevadera la transición.

Pero en cuanto a los cambios económicos que inevitablemente están asociados a esta etapa, puede que no se dedique tanto tiempo y energía, a pesar de ser un tema crítico.

Las pensiones tienden a ser cada vez más deficitarias

El cálculo del monto de una pensión de jubilación pública es perfectamente realizable tomando en cuenta las leyes y reglamentos que rigen estos sistemas. Y es allí cuando podemos darnos cuenta de que pudiese ser insuficiente para cubrir los gastos mínimos mensuales.

El monto de las pensiones generalmente es un porcentaje de nuestro ingreso; es decir, que disminuye nuestro poder adquisitivo. Adicionalmente –dependiendo de la legislación– es un monto fijo que también va perdiendo terreno con la mucha o poca inflación que se vaya presentando a través del tiempo.

En cualquier caso, el asunto es que debemos estar preparados para reducir varios de nuestros gastos a menos que tomemos las previsiones necesarias y hagamos una oportuna inversión en renta vitalicia.

¿Qué es una renta vitalicia?

Precisamente como lo indica su nombre, la renta vitalicia es una figura financiera que ofrece el otorgamiento de un monto mensual de por vida y que permite complementar cualquier otro ingreso con el que podamos contar en nuestro retiro.

Está diseñada para personas sobre los 65 años –sobre los 70 las ventajas fiscales son más favorables– y puede obtenerse por medio de la banca o de alguna empresa financiera, contratando un seguro o una hipoteca inversa. ¿En qué casos contratar una u otra? Veamos.

El seguro de renta vitalicia actúa como cualquier seguro de otro ramo; es decir, se aporta una prima –incluso puede entregarse en varias cuotas– que garantiza el derecho a una cobertura. En este caso la cobertura es el otorgamiento de la pensión de por vida, cuyo monto varía de acuerdo con la renta deseada y el capital disponible.

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Si acaso se requiere, es posible establecer o reservar un monto para ser entregado a título de herencia a algún beneficiario. Esta modalidad se refiere como seguro de renta vitalicia con capital a fallecimiento. Igualmente existe la posibilidad de la reversión de la renta, mediante la cual un beneficiario recibe el mismo monto de renta o un porcentaje de la misma. Por supuesto que en todos los casos el cálculo de la renta se verá afectado.

¿Seguro de renta vitalicia o hipoteca inversa?

Para conseguir una renta vitalicia también existe la figura de la hipoteca inversa, que permite hacer líquido un activo fijo, representado por un bien inmueble que posea el solicitante. Es una opción adecuada para aquellos pensionados que no posean ahorros.

Según el valor de mercado del inmueble y la edad del propietario, se propone una renta de por vida que no implica desocupación del mismo, ya que se seguirá disfrutando de la nuda propiedad hasta el fallecimiento, momento en el cual los herederos podrán honrar los capitales entregados para recuperar plenamente el inmueble o venderlo para cubrir el monto acumulado de las rentas percibidas por el occiso, tal como si de un préstamo se tratara.

Así mismo, se puede acordar que los pagos no sean mensuales, sino trimestrales o semestrales e incluso puede negociarse un pago total único por el monto total de la tasación del inmueble.

En tiempos de incertidumbre hay que tomar medidas para evitar sorpresas indeseables en un futuro. Invertir en cualquiera de las modalidades de renta vitalicia es una manera de resolver hoy mismo problemas que luego nos costarán más resolver. La idea es ir en busca de esa jubilación digna que tanto deseamos.

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