Invertir en dividendos: ¿Qué nos puede ofrecer?

En el sector financiero existen múltiples opciones que permiten obtener beneficios y se adaptan a los objetivos y las necesidades de cada tipo de inversor. Una de las alternativas más populares es invertir en dividendos, la forma más directa en que las empresas pueden compartir las ganancias con sus accionistas.

¿Por qué invertir en dividendos?

No hay duda de que comprar dividendos es una gran inversión con alta rentabilidad. Según datos de BME (Bolsas Mercados Españoles), la capitalización de la bolsa española ha recuperado los niveles previos a la pandemia y ha alcanzado su mayor nivel desde el año 2017. Hace casi un año, en mayo de 2021, todas las empresas cotizadas valían 1,1 billones de euros, una cifra solo superada antes del cierre de 2017. Las ampliaciones de capital han dado entrada a 20.418 millones de euros, superando con creces la cifra del año anterior. Los dividendos también han aumentado en el valor bursátil de las empresas con las entradas de nuevas acciones.

Además, si analizamos los datos que proporciona el BME desde los mínimos de la crisis y hasta finales del año 2019, justo antes de la pandemia, se observa que el Ibex se ha revalorizado un 57,01%, mientras que con dividendos lo hizo en un 113,46%, prácticamente el doble. La rentabilidad con dividendos se sitúa por encima de aquella sin dividendos, por lo que es una estrategia altamente utilizada por los inversores.

Los dividendos son una fórmula que utilizan las compañías para incentivar y remunerar a sus accionistas mediante pagos en efectivo o la emisión de nuevas acciones. En épocas de inflación, la situación es complicada para los inversores que buscan rentas, ya que la subida de precios afecta el poder adquisitivo real de los bonos, que suelen ser fijos. En cambio, los dividendos, al ser un porcentaje del total de los beneficios obtenidos por una empresa, pueden aumentar si lo hacen también los beneficios. Este crecimiento implica que pueden subir a un ritmo igual o superior al de la inflación, protegiendo así el poder adquisitivo real de estos flujos de rentas.

Además, la inversión designada a recoger la rentabilidad por dividendo es muy recomendable en situaciones de mercados sobrevalorados, ya que permite reducir la volatilidad de la cartera y protegernos de una recogida de beneficios. Es una estrategia que siempre ofrece ganancias si se eligen adecuadamente los activos, buscando que sean consistentes en el reparto de dividendos.

Si quieres saber cómo se gana dinero comprando acciones, en este artículo conocerás las claves para invertir en dividendos apuntando a las empresas con mayor potencial.

¿Cómo ganar dividendos con acciones?

Invertir en dividendos consiste esencialmente en realizar inversiones en compañías cuyos dividendos se incrementen progresivamente todos los años, protegiéndonos así de la inflación y aprovechando los beneficios del interés compuesto reinvirtiendo nuestras ganancias. El interés compuesto es aquel que se va sumando al capital inicial y sobre el cual se generan nuevos intereses. Los intereses producen nuevos intereses, por lo que el dinero se va multiplicando.

Pero, ¿qué son los dividendos? Básicamente, llamamos dividendos a la cantidad de dinero que una empresa reparte de forma proporcional a todos sus accionistas. Cuando una persona invierte en una empresa comprando un determinado número de acciones, dependiendo del desempeño de dicha empresa, es posible que se obtengan beneficios y, por tanto, que el inversor pueda adquirir parte de los mismos. Esta renta percibida por el inversor es lo que se denomina dividendo y, generalmente, es proporcional al número de acciones que haya adquirido.

Por tanto, el dividendo es una renta que reciben los inversores con acciones en una o varias empresas. Las decisiones acerca de cómo se van a repartir los beneficios de una compañía es votada por los accionistas en una reunión que se realiza al menos una vez al año. El consejo de administración fija los criterios que determinarán la forma de pagar un dividendo y, posteriormente, los accionistas aprueban la estrategia definida. Los pagos pueden ser trimestrales, semestrales o anuales.

Para realizar una compra de acciones de dividendos, los inversores suelen fijarse en aquellas empresas que ofrecen mayor rentabilidad por dividendo para así poder generar ingresos pasivos para su capital. Las mejores acciones para invertir por dividendos están lideradas por empresas estadounidenses pertenecientes al sector bancario y petrolero, siendo las marcas que han dominado el mercado históricamente. Algunas de estas empresas son:

  • Enagás
  • Total
  • Daimler
  • Exxon
  • Axa
  • General Motors
  • Abbvie
  • BNP Paribas
  • Repsol
  • Iberdrola

¿Qué tipos de dividendos pueden ofrecer las empresas?

Las distribuciones de dividendos pueden ser en efectivo o en especie, lo que significa que las empresas deciden repartir acciones o dinero en efectivo entre sus inversores. Como veremos posteriormente, cada caso tiene sus ventajas: mientras que el dividendo en efectivo permite disponer de dinero directamente en la cuenta bancaria, el dividendo en especie tiene beneficios en la fiscalidad.

Entre estas dos grandes modalidades, podemos distinguir 5 tipos de dividendos:

Dividendo a cuenta

Es aquel dividendo que se reparte entre los accionistas antes de aprobar las cuentas anuales, como anticipo de los resultados finales que se esperan obtener. La empresa debe disponer de liquidez para aprobar este pago, así como de suficientes beneficios que justifiquen el reparto y garanticen los fondos necesarios para el mismo. La cuantía de los dividendos a cuenta nunca podrá exceder la cuantía de los beneficios obtenidos por la empresa desde el fin del ejercicio anterior hasta la fecha del acuerdo de reparto.

Dividendo complementario

Este es el reparto de dividendo efectuado una vez finalizado el ejercicio fiscal y tras aprobar las cuentas anuales. Es un dividendo complementario al dividendo repartido a cuenta al que nos hemos referido anteriormente. Por tanto, una vez finalizado el ejercicio y, en caso de que existan suficientes beneficios y así lo acuerde la Junta General de Accionistas (el órgano encargado de aprobar las cuentas anuales y aplicar el resultado), los accionistas podrán recibir un dividendo complementario.

Dividendo extraordinario

Cuando una empresa ha obtenido unos beneficios fuera de lo común, los accionistas pueden recibir un dividendo extraordinario. Estos dividendos no proceden de los beneficios generados por la actividad habitual de la empresa, sino que, como su propio nombre indica, se trata de beneficios extraordinarios que no se espera seguir obteniendo en el futuro.

Script dividend

La traducción de esta expresión en inglés sería “dividendo en acciones”. Consiste en realizar el pago del dividendo en acciones en lugar de dinero en efectivo, para lo cual la empresa debe realizar previamente una ampliación de capital. La lógica del script dividend se aplica en aquellas compañías que, pese a obtener beneficios, tienen problemas de liquidez (por ejemplo, empresas con largos periodos de cobro); asimismo, también se aplica en las legislaciones en las que la venta de derechos de suscripción tiene mejor fiscalidad del dividendo al ofrecer una gran rentabilidad financiera para la empresa; en las empresas que deben mantener un determinado coeficiente de solvencia, como es el caso de los bancos, también se utiliza el script dividend, ya que repartir dividendos en acciones permite cubrir dichos coeficientes al convertir la totalidad de los beneficios en patrimonio.

Dividendo fijo

Este es el dividendo determinado por las empresas, siendo una cuota invariable completamente independiente de los resultados económicos. Así, si una empresa obtiene ganancias que posibilitan un mayor dividendo, este no se reparte entre los accionistas, sino que se acumula como una reserva; si, por el contrario, la empresa sufre pérdidas, se opta por el pago de una cantidad menor o se aplaza el pago para el ejercicio siguiente.

Para entender de forma práctica cómo funciona la inversión en dividendos y qué tipos existen, supongamos que una empresa X ha obtenido 200.000 euros de beneficios en un año, decidiendo reinvertir 100.000 euros en su propio crecimiento, ya sea abriendo nuevos espacios o invirtiendo en otro tipo de mejoras. El resto del dinero se repartirá entre los accionistas en forma de dividendos en efectivo. Por tanto, si esta empresa X ha destinado 100.000 euros a sus accionistas, suponiendo que uno de ellos posee el 10% de las acciones, recibirá un total de 10.000 euros de ganancia.

No obstante, aunque esta es la opción mayoritaria, también es posible que la empresa pague el dividendo en forma de acciones, lo cual se traduciría en ofrecer a los inversores acciones procedentes de autocartera o de ampliación de capital.

Cuando una empresa ha comprado sus propias acciones y, posteriormente, las reparte en forma de dividendos, hablamos de acciones procedentes de autocartera. Este tipo de acciones permite a los inversores ganar más peso en la compañía, puesto que, a mayor número de acciones, mayor es su porcentaje de participación en la misma.

Por el contrario, cuando el dividendo se ofrece en forma de acciones de ampliación de capital, el accionista se quedaría en la misma situación o bien perdería dinero a corto plazo, ya que con la creación de nuevas acciones su porcentaje de participación disminuye.

El dividendo especial, como hemos mencionado anteriormente, es aquel que se reparte en efectivo cuando una empresa obtiene unos beneficios extraordinarios. En este caso, la cantidad a repartir suele ser mayor a la de un dividendo común. Esta renta extra se distribuye cuando una compañía ha vendido un activo que le ha aportado grandes beneficios. La directiva y el consejo de la empresa decidirán en ese momento si reinvierten las ganancias en su propio crecimiento o si las reparten en forma de dividendos para incentivar a los accionistas.

¿Qué rentabilidad puede tener la inversión en dividendos?

El indicador de la rentabilidad por dividendo es uno de los conceptos más frecuentes en finanzas. Se refiere a la cantidad de capital que se puede obtener en relación a una determinada inversión. Este indicador es muy utilizado por analistas, inversores o banqueros que buscan valorar acciones financieras concretas. Las empresas que cuentan con una alta rentabilidad por dividendo son altamente valoradas por los inversores, ya que pueden demostrar cierta estabilidad económica y, por ende, garantizar el reparto de beneficios entre los accionistas.

La rentabilidad por dividendo, conocida como “yield” en inglés (dividend yield), es una herramienta que permite a los accionistas saber cuánto podría ganar con los dividendos de una empresa. Esta es la fórmula matemática:

Rentabilidad por dividendo: (Dividendo por acción / Precio de la acción) x 100

El dividendo por acción es la cifra que espera pagar una empresa como dividendo en un futuro próximo, mientras que el precio de la acción es la cotización actual en la bolsa de valores. Por ejemplo, si una empresa espera repartir 1 euro de dividendo habiendo cotizado su acción a 5 euros, entonces su rentabilidad por dividendo será de un 20% (1/5 = 0,2 x 100 = 20%). Todas las empresas con presencia en la bolsa exponen estos datos a diario, por lo que las personas interesadas en invertir pueden saber fácilmente qué compañías tienen mayor potencial.

Por tanto, el dividendo rentable o rendimiento por dividendo indica la cantidad de capital recuperado de una inversión tras el reparto de los dividendos. Es una de las mayores fuentes de rentabilidad con las que cuentan los accionistas, además de la subida de valor de la acción.

La rentabilidad por dividendo o yield es un indicador que cambia de forma constante, pues depende de la cotización de una compañía. Además, si el precio de la cotización sube, también lo hará la rentabilidad de la empresa al añadir plusvalía. También es importante saber que, cuanto más barata compremos una acción, mayor será la rentabilidad por dividendo.

En definitiva, el rendimiento por dividendo nos permite disponer de información adicional para saber si una empresa reparte sus beneficios entre los accionistas. El yield es mayor si se mantiene el mismo reparto y si su valor cae en bolsa. De hecho, los inversores suelen fijarse en este indicador cuando hay gran especulación en el mercado antes de realizar cualquier tipo de inversión.

La fiscalidad en las inversiones por dividendos

Teniendo en cuenta que ya ha comenzado la campaña para la declaración de la renta, es importante conocer la fiscalidad en las inversiones por dividendos y saber cómo deben declararse. Además de los contribuyentes que hayan obtenido rentas del trabajo de un mismo pagador superiores a 22.000 euros, también están obligados a hacer la declaración de la renta aquellas personas que hayan obtenido rendimientos del capital mobiliario (dividendos, intereses, etc.) o ganancias sometidas a retención por una cuantía superior a 1.600 euros.

De esta manera, tanto los dividendos obtenidos por la participación en sociedades mercantiles como los cotizados en bolsa como no cotizados, deben declararse cada año en el IRPF. Se califican como “rendimientos del capital mobiliario” y forman parte de la llamada base imponible del ahorro, sujeta a imposición de acuerdo con una escala gradual reducida.

Recordemos que, a efectos impositivos, podemos distinguir dos tipos de rentas. En primer lugar, las rentas generales incluyen rentas del trabajo, de actividades económicas o del arrendamiento de bienes inmuebles. En segundo lugar, las rentas de ahorro se refieren principalmente a los rendimientos por participaciones en sociedades, cesiones a terceros de capitales propios (rendimientos de cuentas y renta fija, etc.) y ganancias o pérdidas patrimoniales derivadas de herencias o transmisión de bienes. Cada una de estas rentas tiene un régimen específico de compensación de resultados positivos y negativos, así como una escala propia.

Para calcular la base imponible del ahorro, debemos tener en cuenta que el importe de los dividendos percibidos anualmente se sumará a los restantes rendimientos del capital mobiliario y ganancias patrimoniales. Por tanto, el tipo aplicable (es decir, el porcentaje de un impuesto que se aplica sobre la base imponible para obtener la cuota tributaria) dependerá del importe del conjunto de rentas del ahorro; se fija en el 19% hasta los 6.000 euros, 21% entre 6.000 y 44.000 euros y 23% a partir de 50.000 euros. Para el ejercicio 2021 y siguientes, se ha añadido un último tramo que se aplica a partir de los 200.000 euros, suponiendo una tributación del 26%.

Los dividendos están sujetos a una retención a cuenta del 19% que debe descontarse de la cuota final de la declaración. Por tanto, si una persona solo ha obtenido dividendos y son de una cuantía inferior a 6.000 euros, no tiene que realizar ningún pago adicional en su declaración de la renta. En cuanto a la posibilidad de deducción de gastos, solo se prevé su aplicación en lo relativo a pagos de administración y gestión de valores negociables.

Se consideran como gastos deducibles aquellos que implican a empresas de servicios de inversión, entidades de créditos o financieras y cuya finalidad sea la retribución de realización de depósito o administración de valores. En ningún serán deducibles los honorarios pagados por servicios de gestión discrecional e individualizada de carteras de inversión.


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