Efecto Airbnb: impacto del piso turístico en la nuda propiedad

La proliferación de teléfonos inteligentes ha propiciado la aparición de cientos de miles de aplicaciones que prometen hacernos la vida más fácil, todo a ritmo del sonido que produce el teclado virtual de nuestro móvil.

Las apps han revolucionado sectores tan disimiles que ya cabe la duda de si alguno podrá salir ileso en el más corto plazo. Y es que estas funcionalidades tan increíblemente disponibles e inmediatas han irrumpido en la ortodoxia de los negocios de las más variadas naturalezas, como lo relacionado con los pisos turísticos y la nuda propiedad.

Toda industria teme una aplicación al acecho

Así como Uber ha levantado un dramático revuelo —ganándose el desprecio de los profesionales del volante que, indignados, acusan la iniciativa de competencia desleal—, también Airbnb ha venido para hacer temblar las bases sobre las cuales reposa parte del negocio turístico.

Lo que empezó como una pequeña aplicación para mochileros, ha mutado para convertirse en una real amenaza para las grandes agencias del ramo, que han visto cómo se desmorona parte del pastel que hasta hace nada ostentaban.

Pero si bien el sector turismo es quien acusa mayormente el golpe, hay otras actividades que pueden ser salpicadas por la bendita aplicación. Veamos hasta dónde puede influir en los pisos turísticos y la nuda propiedad.

Implicaciones en la nuda propiedad

Desde que empezó a acentuarse la crisis de los sistemas públicos de pensiones, la nuda propiedad ha representado una tabla de salvación para muchas personas de la tercera edad, que alivian sus carencias negociándola a cambio de una renta vitalicia pero conservando su sitio de residencia.

De esta manera complementan sus deficitarias pensiones sin sacrificar su aposento, apelando al usufructo.

¿Es acaso Airbnb una alternativa real a la antiquísima figura del usufructo, al punto de amenazar el auge que esta ha tenido en el rol de asegurar ingresos adicionales para los jubilados?

Airbnb es un trabajo

La primera condición que hay que evaluar es que Airbnb es un trabajo; es decir, en vez de esperar pasivamente el fin de mes para recibir una pensión que además es vitalicia, esta aplicación requiere de una energía y una logística que no muchos jubilados van a estar dispuestos a procurar.

Alguien se hospedará un cierto número de días en su hogar y esto exige una atención, una presencia, una ocupación. Si bien puede suministrar algún dinero sin mayor inversión, no todos tenemos vocación de posaderos.

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Por otra parte, no hay garantía alguna de que la ocupación sea permanente; es decir, que el flujo de ingresos sea continuo. De hecho, el inmueble tendría que estar muy bien situado —preferiblemente cercano a algún destino bien cotizado, turísticamente hablando— para pretender ingresos ininterrumpidos.

La tecnología y las personas de tercera edad

Igualmente, hay que tomar en cuenta que muchos de los que ya disfrutan su etapa de jubilación no son especialmente proclives a la tecnología, por lo que el propio manejo de la aplicación y la necesidad de crear mecanismos de mercadeo digital para propiciar clientela perenne, pueden resultar barreras infranqueables.

Así mismo, no se puede desdeñar la normal necesidad de privacidad y tranquilidad que los adultos mayores prefieren una vez que han superado esa etapa productiva, que en ocasiones ha significado un alto grado de estrés por tiempos prolongados.

Tener huéspedes eventualmente es una cosa y depender económicamente de ellos es otra muy distinta. La seguridad que puede darle a una persona de cierta edad el hecho de contar con una pensión vitalicia, no es comparable a iniciar un emprendimiento gestionado por medio de una aplicación móvil.

Una cosa no impide la otra

Siempre cabe la posibilidad de que el propietario de la vivienda, ya pensionado, desee incursionar en el negocio del hospedaje turístico, en cuyo caso no tendrá problema ya que disfrutar del usufructo le permitirá también esta opción.

Siendo así, tranquilamente se puede optar por la seguridad que ofrece una renta de por vida y, adicionalmente, darle rienda suelta a tal actividad por temporadas, para incluso hacerse de mayores recursos líquidos pero previendo que seguramente serán intermitentes.

Como vemos, la plataforma Airbnb —hasta donde visualizamos— realmente no luce como una amenaza para el pujante negocio de la venta de la nuda propiedad. En cambio, pueden complementarse y convertirse en aliados en la solución del problema que cada vez más jubilados padecen.

Finalmente, lo que se viene con las mayores y mejores coberturas de los servicios en la nube es el surgimiento de estas tecnologías disruptivas que cambian repentinamente las reglas de juego de muchos negocios tradicionales, por lo que es menester estar atentos a las tendencias y tener pronta capacidad de adaptación.

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