Beneficios para el comprador de la hipoteca inversa

No cabe duda que uno de los más grandes dolores de cabeza que enfrentan los Estados modernos es hacer frente a la quiebra inminente de los sistemas públicos de pensiones basados en el sistema de reparto. Muchos son los jubilados que ante una realidad impostergable se refugian en los beneficios de la hipoteca inversa.

La denominación de hipoteca inversa asoma la función que ofrece este instrumento financiero. Cuando hablamos de una hipoteca a secas nos referimos a un crédito otorgado a una persona o núcleo familiar que pretender adueñarse, convertirse en propietarios de un inmueble.

En oposición, tenemos a las hipotecas inversas que asisten a los que ya son propietarios que, por alguna razón, requieren de flujos continuos de liquidez. Normalmente, como ya hemos mencionado algunas líneas antes, el mercado de este instrumento financiero está conformado mayormente por personas de la tercera edad en situación de retiro.

El declive de los fondos de pensiones

Para nadie es un secreto que el poder adquisitivo que se lograba con las pensiones otorgadas por el Estado ha disminuido notablemente en los últimos 20 años.

Anteriormente los montos percibidos bajo este concepto eran suficientes para incluso planificar modestos viajes a variados destinos. Hoy en día, con bastante dificultad sus beneficiarios logran llegar a fin de mes.

Es principalmente por ello que los beneficios que ofrece este tipo de negociación han venido repuntando de manera importante en el mercado financiero inmobiliario. De lo que se trata es recibir un monto periódicamente —mensual, por lo general— a cuenta del valor de la vivienda; es decir, la institución o inversionista que la otorga va construyendo una hipoteca en el tiempo.

En la hipoteca original el banco entrega al vendedor el valor total del inmueble —menos el pago de entrada— y el comprador comienza a amortizar este monto, que puede tomarle 10, 20 o 30 años, según el caso.

Por el contrario, en la inversa la institución crediticia va aportando montos o cuotas que van constituyendo una deuda avalada por el valor del inmueble o parte de este.

Los beneficios saltan a la vista para nuestros queridos pensionados. Las hipotecas inversas —o en reversa, como también son conocidas— es una conveniente manera de afrontar la imperiosa necesidad de complementar los ingresos y procurar un tránsito a la vejez algo más digno.

Por supuesto que la contratación de una hipoteca inversa no compromete el derecho a uso y disfrute de la vivienda, ya que los montos que son otorgados están directamente asociados a la edad del propietario, lo que garantiza su permanencia de por vida en su residencia.

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La titularidad del inmueble no se compromete

Otro aspecto importante digno de mencionar es que recurrir a una hipoteca inversa no compromete la titularidad de la vivienda y sus propietarios siguen conservando las escrituras intactas, a pesar de que pese en gravamen hipotecario sobre el inmueble.

El monto pactado para este instrumento financiero dependerá de la edad del solicitante, y precisamente por estar destinado a propietarios de viviendas con más de 65 años como recurso para complementar el monto de sus pensiones, no es susceptible de fiscalización.

Así mismo, la hipoteca tiene una característica favorable por el hecho de que, al recibirse bajo un régimen de cuotas —si es el caso—, los intereses solo se incrementan con el pasar de los años, ya que la deuda aumenta paulatinamente.

Sin importar el momento, el beneficiario de una hipoteca revertida o inversa puede decidir cancelarla, en cuyo caso normalmente no aplica penalidad alguna. Si acaso mejorasen las condiciones económicas del titular, bastará con cancelar lo adeudado hasta el momento para librar la hipoteca del inmueble.

El riesgo de pérdida solo ocurre en caso de impago

Si el propietario llegase a fallecer, sus herederos tienen varias opciones para proceder. Lógicamente que si se desea preservar el inmueble, podrán cancelar la hipoteca con recursos propios, eliminando así el gravamen que sobre este pese.

Una segunda alternativa es perfectamente factible si en cambio se desea liquidar la vivienda. Simplemente se negocia el objeto de la hipoteca y, con parte del monto producto de la venta —generalmente representado por el pago de entrada—, se cancela la deuda conservando para sí el resto del dinero.

Por último, en el caso de no contar con capital suficiente y aún así pretender preservar el inmueble, se podrá optar por una hipoteca tradicional que amortice por completo a la inversa, asumiendo de allí en adelante la nueva deuda.

Únicamente estaría en riesgo la vivienda cuando se cae en situación de impago de la deuda contraída, finalizado el plazo de entregas de cuotas por parte del ente crediticio o si ocurriese el deceso prematuro del beneficiario. Y debemos agregar que para ello también median plazos razonables.

Por supuesto que todo esto dependerá de cada situación y, sobre todo, de la capacidad crediticia de la que se disponga. En todo caso, podemos visualizar el amplio menú de posibilidades a las que podemos acceder por medio de la tramitación de una hipoteca inversa al momento de arribar a la tercera edad con dificultades financieras.

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